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Queridos Reyes Magos,

Sé que no es el mejor momento para enviaros mi carta, porque ya andaréis de camino y estaréis a punto de llegar para repartir vuestros regalos de este año por casi todas las casas, pero aún así, y dada la universalidad de Internet, os voy a escribir a ver si lo leéis, aunque sea de camino.

Este año pasado creo que he sido una buena persona, portándome lo mejor que he podido según las circunstancias y dándolo siempre todo en favor de lo que creo que está bien y es lo correcto. A veces es complicado actuar para agradar a todo el mundo y ser una persona modélica, pero se hace lo que se puede. También a veces he mentido, cuando la situación así lo requería, para no herir a alguien querido o para salir de algún que otro escollo, la verdad. Pero no creo que esos pequeños detalles ensucien la buena trayectoria de todo un año.

Al estar escribiendo en un blog de consumo y compras, lo ideal sería que soltase aquí ahora una ristra de elementos que quisiera tener y que no tengo para que me los regalaseis. Podría pediros una PS3, un coche nuevo, una cámara de vídeo, y un largo etcétera de cosas materiales… pero nada de eso serviría…

Os pido algo mucho más difícil. Algo que el dinero no puede comprar y que es básico en la vida: la felicidad. Además, no la quiero para mí, sino para una persona muy importante (la más importante) de mi vida que actualmente no está pasando por uno de sus mejores momentos.

La enfermedad más cruel ha aparecido en su hogar y desde entonces, no la he vuelto a ver sonreír como lo hacía antes. Me gustaría que con vuestra magia hicierais desaparecer esa sombra gris que ahora habita en su corazón y los de su familia, y que todo vuelva a la normalidad.

Sé que es mucho pedir, pero no deseo nada más que eso.

Atentamente,

Txema Marín.

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